Rescate
Reseña publicada en Ñ hace mucho tiempo de un libro maravilloso que no debería olvidarse
El caballero que cayó al mar
La Bestia Equilátera.
Traducción: Laura Wittner
155 páginas
Henry Preston Standish es un hombre común. El más común de los hombres que, por obra de un acontecimiento desafortunado –un pie que resbala sobre una mancha de grasa derramada por algún descuido en la sobrecubierta de un barco- cae al mar. Un caballero que ha cumplido con todas las reglas impuestas por la sociedad: casarse con una bella mujer de buena posición, convertirse en padre afectuoso de un niño y una niña adorables, progresar económicamente hasta convertirse en socio de una firma contable. Pero que, un día, preso de una inexplicable inquietud, se embarca en alta mar a bordo de un carguero, el Arabella, en busca de algo que no sabe bien qué es. A medida que empieza a alejarse de su vida, de su familia y de su trabajo, se hace más punzante el deseo de seguir viajando, de conocer otros mundos, de ser ¿quizás? Otro. En un instante de felicidad plena, mientras observa la salida del sol, Standish es atrapado por la visión de la naturaleza en estado puro, bella y misteriosa, y cae. Queda tendido en el mar, boca arriba, todavía ataviado con sus elegantes ropajes a la moda, inflando sus pulmones de aire para mantenerse a flote en el agua salada. Mientras el barco, del que unos minutos antes era un tripulante más, se aleja en dirección a la línea del horizonte, en Standish comienza a operarse una lenta metamorfosis que lo obligará a despojarse de todo lo que lo hace ser quien es –buenos modales, honor, capacidad de reflexionar, paciencia, prestancia, sentido del humor, sensatez, orgullo y, por fin, su billetera, la ropa que lleva puesta y las esperanzas que, dicen, es lo último que se pierde. Henry Preston Standish es un náufrago, pero su condición particular, dentro del enorme grupo de náufragos que la literatura ha delineado a lo largo de la historia, no es la de la lucha por la supervivencia, sino la que lo hace preguntarse quién es. Tiempo y narración: la pregunta por el ser del yo se contesta narrando una vida. Y a eso se dedica Standish mientras la grupa del barco se aleja y él, que hasta el momento era todo un caballero, no hace nada para evitarlo. Solo, en medio del océano infinito, se sostiene articulando una red en la que se relata a si mismo: su pasado, lo que le está sucediendo en ese mismo instante y lo que sucederá, o podría sucederle, en el futuro.
Es probable que pocos hayan oído el nombre de Herbert Clyde Lewis (que no debe confundirse con C.S. Lewis, autor de la fantástica saga de Narnia), aunque quizás debería ubicárselo dentro de otros autores de su tiempo que, como él, extremaron el poder del lenguaje para construir obras singulares. El autor de El Caballero que cayó al mar nació en 1909 en Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes rusos. Estudió en la Universidad de Nueva York y en el City College, pero abandonó sus estudios para convertirse en periodista. Más tarde dejó el periodismo para probar suerte como escritor independiente, pero no le fue tan bien –estaba en la quiebra cuando publicó esta novela- y se mantuvo a flote trabajando como guionista de Hollywood hasta que, a los cuarenta y un años, murió de un ataque al corazón. Durante ese breve período escribió otras tres novelas: Spring Offensive, Season´s greetings y por último, Silver Dark, que se publicó póstumamente.
Nadie rescata a Standish. Pero, afortunadamente, hubo quien rescatara a El caballero que cayó al mar. Abocados a la noble tarea de realizar búsquedas en terrenos inexplorados por los sellos editoriales locales, La Bestia Equilátera lo hizo de nuevo: he aquí otra perlita literaria.

