Amigos para qué
Siempre a destiempo, esta nota sobre la amistad que escribí y publiqué, en su momento, en La agenda BA.
1.
Mi mejor amiga en primer grado se llamaba Cecilia Vazquez y el chico que me gustaba, gustaba de ella. Cecilia y yo seguimos siendo amigas muchos años, después nos perdimos de vista y más tarde nos reencontramos en la facultad —las dos habíamos elegido la misma carrera—. Así, nos volvimos a frecuentar y retomamos el vínculo como si no hubiera pasado el tiempo. A Carlos Mariano, el chico que no correspondía mi afecto y por el que había llorado a mares a los seis años, también lo reencontré en otro momento. De adulto resultó ser un imbécil.
2.
Las formas en que se producen las afinidades durante los primeros años de la infancia siempre me resultaron curiosas y fascinantes. Los niños se hacen amigos jugando. Y por muy chiquitos que sean, enseguida se dan cuenta de quién les cae bien y quién les cae mal. Quizás no pueden explicar por qué, pero esa atracción es irreductible. Lo que tienen en común dos niños que juegan es la forma en que imaginan vidas posibles. Algo de esa modalidad, supongo, se traslada a lo que te lleva a hacerte amigo de alguien en la vida adulta.
3.
Así también una amistad
comienza antes del primer encuentro,
Escribe Anne Carson en La caída de Roma.
4.
El lenguaje del amor se vale de los términos de la guerra para crear sus metáforas: se habla de conquista, de caer rendido, de bajar la guardia. El lenguaje de la amistad, en cambio, emplea figuras musicales como la de “afinidad”. Afinar dos o más instrumentos para que suenen juntos es ajustar el tono para crear una armonía.
5.
¿Habría que diferenciar, al modo griego, el amor de la amistad?
6.
Eros: ardiente, desequilibrado, pasional, se funda en el deseo de lo que falta. Philia: vínculo de reciprocidad, estable, benevolente, virtuoso, horizontal.
7.
En el tercer año de mi cursada abandoné la carrera y volví a desencontrarme con Cecilia Vazquez. No hubo peleas, ni desacuerdos. Tan solo dejamos de vernos. La amistad a veces se desinfla.
8.
También puede ocurrir que los instrumentos desafinen y algo empiece a desentonar.
9.
Estamos en una época en la que se quiere creer en la amistad como en un tipo de vínculo menos conflictivo, más asociado a una red de contención que a un lazo con vueltas, rulos, nudos. Es el problema de los temas y de las modas. Un tema se pone de moda y todo el mundo empieza a decir más o menos lo mismo. La repetición aplana el sentido, lo vacía, impide que se produzcan resonancias, que aparezcan las incongruencias.
10.
Llamada a escribir, convocada por una amiga a decir algo sobre la amistad, prefiero pensar en las ambivalencias, las intermitencias, los temblores de lo que no se deja atrapar tan fácilmente. Elijo meterme, aunque resulte incómodo, en la penumbra, donde no hay transparencia, sino matices. Es en esas zonas de peligro, donde se forjan, al menos para mí, las amistades.
11.
En un cuento muy breve, casi un aforismo, una anotación, un pensamiento, Lydia Davis dice que los amigos que nos resultan más interesantes son aquellos a los que quizás nosotros les parezcamos aburridos y que las personas aburridas pueden llegar a querer ser nuestras amigas porque les resultamos interesantes. También están aquellos con los que nos sentimos cómodos, a gusto, y el interés es mutuo. Pero este equilibrio puede romperse. “En cualquier momento pueden pasar a ser demasiado interesantes para nosotros o nosotros demasiado interesantes para ellos.”
12.
Hubiera sido más fácil citar el cuento tal cual lo escribió Lydia. Aunque no la conozco personalmente, pienso en ella como una amiga.
13.
Con los amigos se socializa. Se sale a lugares. Se inventan planes, programas. Se conversa, se chusmea. A veces es entretenido. Otras “preferiría estar leyendo”. Con un libro uno experimenta un tipo de soledad acompañada. Esto dice Proust sobre la lectura: “es una intervención que, proviniendo de otro, se produce en cambio en nuestro interior; un estímulo desde luego de otra mente, pero recibido en perfecta soledad”.
14.
Los mejores amigos, los mejores amigos —cantaba Diego Frenkel en uno de los discos de La portuaria, banda que escuché a repetición, y a la que fui a ver en vivo más de una vez cuando era adolescente—-, los mejores amigos a veces son aquellos desconocidos.
15.
En cuanto dos amigos se vuelven íntimos, exclusivos, confidentes y se frecuentan con mucha asiduidad, la moderación propia del vínculo corre el riesgo de saturarse y mutar. Empiezan los merodeos por los terrenos del amor. No hay letrero que indique dónde está la frontera que divide los territorios. No hay señalización. No hay alertas. Y si las hay, se las ignora: danger. A veces, después de una serie de peripecias, sale bien (ver Cuando Harry conoció a Sally) Otras, sale mal: los chispazos de complicidad terminan provocando incendios y lo que queda es un paisaje arrasado.
16.
Amigos para que, amigos nunca más, no quiero ser tu amigo, cantaba César Banana Pueyrredón en la radio cuando yo era chica. Confesarle a alguien del grupo íntimo que los temas melosos y facilones de Cesar Banana te emocionaban, era arriesgarse a caer en la lista negra de los “grasas”. Pero yo creo que en las recámaras secretas de sus pasacassettes, más de uno habrá puesto rec para volver a escucharlo cuando la ocasión lo requiriera.
17.
A veces una amistad surge de las cenizas chamuscadas de una relación amorosa que se terminó, es decir, de una guerra.
18.
La técnica que domina cada época modifica los modos de pensar, de hablar, de relacionarse. Así, los de mi generación y la generación anterior, nos vimos sometidos a un cambio de paradigma cuando Mark Zuckerberg inventó Facebook. Amigo pasó a ser cualquier persona que solicitaba tu amistad a través de la red social y a quien uno aceptaba, aunque el solicitante fuera alguien que no habías ni visto ni oído nombrar jamás en la vida.
19.
Una vez, hace mucho tiempo, escribí un poema de amor y odio dedicado a una amiga que no correspondía con la misma intensidad la admiración que yo sentía por ella. Nunca se lo mandé, ni lo publiqué, ni lo leí en voz alta a nadie. Lo había copiado en este documento,pero ahora decidí borrarlo. Con los años me he vuelto un poco más sensata, aunque Soledad hace un par de días me dijo: sos la amiga más mala y sin filtro que tengo.
20.
¿El verdadero amigo es el que te dice siempre la verdad, aunque incomode, o caiga mal? ¿O es el que suaviza las palabras, e, incluso, finge, de ser necesario?
21.
Amigo es alguien que tiene tacto, que te trata con delicadeza. Que te aloja. Te hace un lugar. De ese lugar se tiene que poder entrar y salir con facilidad.
22.
Se trata más de influencias que de confluencias. De acuerdos, pero también de roces. Una influencia, no lo olvidemos, es a veces, también, una congestión.
23.
Lo que escribí una vez sobre Soledad:
Creo que llegó a mi vida para sembrar magia. Desde el día uno pensé: quiero ser su amiga. ¿De dónde había salido esa chica que usaba rodetes tirantes que brillaban como si recién los hubieran lustrado y se vestía un día con camisas que se abotonaban hasta el cuello, con volados y encajes y polleras tableadas, y otro día con buzos flúo y zapatillas y siempre, usara lo que usara, era tan singular, tan Ella?
24.
En esto la amistad y el amor se parecen: quiero ser amiga de alguien que me intriga, que no se revela del todo. De ahí que una de las prácticas más atractivas que tiene la amistad es la de las confidencias. Pero para acceder a ese lugar secreto, hay que hacerse merecedor de una clave, de una contraseña.
25.
Me acabo de fijar si con Cecilia Vazquez somos amigas en Facebook: no. Recién ahora me entero de que ella sí terminó la carrera. Su perfil dice: licenciada en ciencias de la comunicación.
26.
Si pensamos que toda relación es relación de poder, quizás debamos decir con Nietzsche: “¡‘Oh amigos, no hay ningún amigo’
27.
Quizás haya que amigarse con la idea de que un amigo es también un rival.
28.
¿Habré dejado de frecuentar a Cecilia Vazquez porque ya no me desafiaba?
29.
Estoy terminando de escribir este texto, que improviso un poco a la manera del Jazz, como si recogiera las miguitas que caen de un budín, o juntara retazos que quedarán descosidos, con sus hilachas a la vista, en una sesión de co working, o de trabajo comunitario, para decirlo en criollo, con mis dos amigas, Mechi y Fer. Cada una teclea en su computadora, cada tanto hacemos pausas, comentamos algo que tiene o no que ver con lo que estamos escribiendo, nos leemos párrafos de algún texto, hacemos bromas, nos dispersamos y volvemos a lo nuestro. Inventamos mundos posibles. Cada una en la suya y a la vez, juntas. De eso se trata, al menos para mí, al menos en este momento, tener amigos.

